30 noviembre 2013

VIVIR SEGÚN EL ZEN


Los valores Zen se pueden aplicar en nuestro día a día, no es necesario escapar del mundanal ruido e ingresar en un monasterio. Pero para vivir siguiendo la filosofía Zen, no se puede ser utilitarista, no se puede coger sólo aquello que nos gusta y utilizarlo en provecho propio.
La meditación, por ejemplo, no es una única forma de relajarnos porque llevamos una vida demasiado acelerada. Hemos de comprender que no tendríamos que llevar un tipo de vida que no nos satisface y nos pone al límite de nuestras energías.
Estaríamos haciendo un uso utilitario si lo que pretendiéramos fuera conseguir más energías para seguir llevando una vida en la que sólo prima la ambición por conseguir más bienes materiales.

El Zen nos invita a hacer una reflexión sobre el ritmo que llevamos y a entender que debemos cuidar nuestra espiritualidad desde una actitud más elevada.
No es que no podamos tener un trabajo normal ni ganar dinero, pero sí que deberíamos procurar aprender a poner todo esto en su sitio y a valorarlo en su justa medida.
Para poder aplicar el Zen a nuestra vida diaria debemos comprender que es mucho más importante ser que tener.

Vivimos en una sociedad en la que es muy importante poseer. Consumir bienes sirve para conseguir un estatus, pero ¿cuándo acaba esta ansia?
No tiene fin. Por tanto nunca estará satisfecha, y ello nos condena a la infelicidad.
Esta ambición por poseer nos impide ver lo esencial: no es importante tener, sino ser.
La verdadera riqueza y abundancia es la que llevamos en nuestro interior y nadie puede robarnos.
Nuestra riqueza es la más desconocida para la mayoría de la humanidad, es la que menos cultivamos, la que más olvidamos. Y eso nos lleva a una pobreza de espíritu que no se puede equilibrar con la posesión de cosas externas.
Intentar encontrar fuera lo que no se tiene dentro es sinónimo de no sanear el interior.
El Zen abre la puerta del gran tesoro interior.

¿Cómo compatibilizar esta filosofía oriental con la sociedad occidental en la que vivimos?


La respuesta la hallaremos en la práctica continuada del “zazen”, la meditación.
Con la práctica del “zazen”, podremos ver las cosas desde un punto de vista completamente diferente.

Si estamos sometidos al miedo, a los deseos, a la inseguridad o a la ambición, lo que nos rodea resulta demasiado grave y acaba convirtiéndose en un gran problema.
En cambio, cuando somos capaces de relajarnos, podemos actuar con mucha más libertad y las cosas fluyen de forma natural.

Conseguir la calma espiritual es uno de los pasos que más nos acerca a la felicidad, pues supone dejar de sufrir por cosas que no merecen la pena.
El Zen es un camino que nos conduce a la lucidez y a la paz de espíritu. Y desde la tranquilidad es más fácil asumir cualquier reto que se nos presente. 


Para llevar una vida Zen es imprescindible la presencia de un maestro.
El Zen no tiene escrituras sagradas ni preceptos que seguir. Los conocimientos se han difundido durante siglos a través de maestros a discípulos, mediante la práctica oral.
El maestro nos ayudará a encontrar la postura adecuada, a hallar la respiración idónea, a diluir las inseguridades. Él sabe valorar las actitudes de sus alumnos y sacar lo mejor de cada uno de ellos. Conoce cómo ayudarlos en cada caso.

El maestro Zen es un guía espiritual que ayuda a cada alumno a encontrar la llave para abrir su mundo espiritual, sin ser nunca un gurú o un predicador.
No es un profesor, pues él no da sermones, su método es ayudar a despertar la conciencia de sus pupilos.


La práctica del Zen es muy beneficiosa para la salud, aleja muchos trastornos y permite llevar a cabo un día a día mucho más sano.
El primer efecto es la ausencia de estrés. El Zen consigue que cuerpo y mente logren una gran relajación, y esto supone un beneficio en el que se padecen menos enfermedades.
El control de la respiración que se consigue mediante el “zazen” calma el ritmo cardíaco y regula la circulación.
La espiración profunda que se lleva a cabo durante la meditación, sirve para liberar a los pulmones del gas carbónico acumulado en ellos, y así se evitan enfermedades. El aire estancado en los pulmones produce opresión, ansiedad y nerviosismo.

El “zazen” baja la tensión y el ácido láctico en sangre, que es el responsable de la agresividad y de la desestabilización hormonal y del sistema nervioso.
La relajación corporal y el estiramiento de la columna vertebral sirven para combatir los problemas de espalda y contracturas musculares en general.
La función del Zen no es curar, pero su práctica habitual puede mejorar las condiciones de nuestro organismo.

La meditación “zazen” nos ayuda también a potenciar nuestras habilidades manuales, nuestra creatividad y nuestra intuición.
La persona verdaderamente creativa es la que es capaz de ver más allá y proponer soluciones diferentes.
La meta radica en no obsesionarnos sino en dejar que todo fluya de forma natural.


Hay un dicho del maestro Dogen que dice así: “Mantened las manos abiertas, toda la arena del desierto pasará por vuestras manos. Cerrad las manos, sólo obtendréis un puñado de arena”.
La metáfora significa que sólo hemos de dejar que las cosas ocurran y notar las sensaciones que despiertan en nuestro cuerpo y dejarnos guiar por nuestra intuición, a la que habremos despertado con las técnicas “zazen”.



29 noviembre 2013

ZAZEN


¿Qué es el Zazen?

La práctica más conocida de todas en la filosofía Zen es la meditación.
La meditación es una práctica oriental anterior al budismo. Aparece en casi todas las religiones orientales. Muchos monjes lo veían como una forma de traspasar los límites del cuerpo y acceder a un estado superior. Por ello, además de privarse de la ingesta de alimentos, también podían llegar a estar durante horas en posiciones realmente incómodas. La finalidad era dejar de prestarle atención al cuerpo y poder librarse de sus constreñimientos.
Si embargo, Buda rompió los votos de asceta al tomar unas gotas de leche justo antes de obtener la iluminación. Y siguiendo su estela, el budismo abandonó el camino del sacrificio y la mortificación.
La meditación no debía de ser un castigo para el cuerpo, sino una forma de encontrar verdades supremas.  Es imprescindible la concentración, pero ésta no debe suponer una mortificación.

El Zen toma su nombre de la meditación “zazen”, que es el camino hacia la iluminación. Así que Zen y meditación van unidos.
La meditación Zen procura una paz de espíritu increíble.
En un principio puede parecer que dejar la mente en blanco es una pérdida de tiempo, pero es todo lo contrario, pues al relajarla es cuando verdaderamente se pueden ver las cosas claras.
Con esa energía se consiguen muchos logros; desde tomar las decisiones correctas hasta alcanzar la iluminación. Todo el proceso conlleva una gran tranquilidad y el cese de tensiones internas.

Se recomienda meditar al menos una vez al día. Podemos dedicarle, al menos, diez o quince minutos.
Las mejorías se empiezan a experimentar cuando se lleva ya cierto tiempo practicando la meditación.


¿Cuáles son los principales pasos a seguir para practicar el “zazen”?


1. EL LUGAR

Al ser la meditación una práctica continuada, es importante tener un espacio dedicado exclusivamente a ello. Un entorno que genere paz, que no esté contaminado con el resto de actividades que se llevan a cabo.
Una habitación silenciosa es indispensable, pues el ruido puede desconcentrarnos.
Las horas más indicadas son a primera hora de la mañana o antes de dormir.
La meditación a primera hora de la mañana nos aporta paz durante todo el día y la meditación por la noche nos relaja y ayuda a tener un buen y reparador descanso.
La luz también es un factor importante. Se trata de encontrar el equilibrio, ni mucha luz, ni poca luz.
La temperatura ambiental es otro aspecto a tener en cuenta. La habitación en la que practiquemos “zazen” debe tener una temperatura media, ni frío ni calor.
Estas sensaciones pueden provocar que uno se despiste y haga más caso a su cuerpo que a su espíritu.
Tampoco debe haber aparatos eléctricos de ningún tipo.
La habitación debe estar limpia y sin polvo, pues la respiración “zazen” es mucho más profunda que la normal y nos puede llevar a aspirar ácaros.
Los maestros “zazen” recomiendan poner un pequeño altar con una figura de Buda, un Bodhisattva o un Santo. Esta imagen sirve para apartar a los espíritus que intentan despistarnos para que no alcancemos la concentración necesaria.
En el altar se pueden poner flores, como ofrenda, quemar incienso, su fragancia ayuda a la concentración, encender velas, pues nos crean una atmósfera de serenidad, respeto y trascendencia. 


2. EL INICIO DE LA MEDITACIÓN

Para empezar, debemos entrar en silencio.
Es preferible estar descalzado, de esta forma tendremos más contacto con la superfície.
Es recomendable usa ropa muy cómoda.
Tener el “zafú” (el cojín “zazen”) o el “zafutón” (una almohada plana o estera).
El “zafú” es considerado el asiento del Buda (antes de alcanzar la iluminación, fabricó un cojín con hojas secas), debe ser tratado con respeto (no lanzarlo por los aires, ni dar patadas).
Cuando llegamos a la sala, debemos mostrar honra al “zafú”; juntando las palmas de las manos, por encima del pecho y realizando el gesto de veneración. Tendremos que bordear el “zafú” por la izquierda y nos colocaremos en posición de sentarnos sobre él.
El “zafú” está especialmente diseñado para que consigamos la postura perfecta en la meditación, ya que ayuda a bascular la pelvis y permite apoyar las rodillas en el suelo. 
Nuestra espalda debe quedar erguida y debemos sentarnos justo en el centro del “zafú”, las piernas deben estar cruzadas (postura del loto o del medio loto). Lo más importante es que las rodillas se apoyen en el suelo y que las nalgas estén bien asentadas en el “zafú”.
Una vez hemos tomado esta posición, deberemos estirar al máximo la columna vertebral, alargar la nuca y recoger la barbilla. Al principio, puede parecernos que esta postura es un poco forzada, pero no es así, es la mejor forma de sentarnos, pues notaremos los beneficios de esta postura.
Llega el momento de colocar las manos. Los dedos pulgares se introducirán dentro de los puños y éstos se apoyarán sobre las rodillas, mirando hacia arriba.
Es muy importante, sobretodo al principio, de tomarse el tiempo necesario para adoptar la postura correcta, no nos tenemos que impacientar. Se trata de ir probando, de ir tomando conciencia de nuestro cuerpo para luego poder olvidarnos de él. 


3. LA POSTURA

Una vez que estemos seguros de haber tomado asiento de forma adecuada, deberemos unir las palmas a la altura del plexo solar e inclinarnos un poco hacia delante, como haciendo una pequeña reverencia. Cuando juntemos las palmas deberemos inspirar por la nariz, y al inclinarnos sacaremos lentamente el aire por la boca.
Al inspirar de nuevo, volveremos a la posición vertical. Entonces, recolocaremos las manos de la siguiente manera: deben estar con los pulgares tocándose suavemente y formando una línea horizontal. Si estamos adoptando la postura adecuada, las manos quedarán apoyadas en los talones de los pies.
La posición de las manos es muy importante. En muchas ocasiones notaremos que cuesta aguantarla, pues el tono muscular es insuficiente. Sin embargo, este problema se superará fácil y rápidamente con un poco de práctica.
Antes de empezar la meditación, antes de quedarnos inmóviles, deberemos vaciar los pulmones del aire viciado. Para ello inspiraremos fuertemente por la nariz y espiraremos por la boca, hasta notar que ya no nos queda oxígeno. Repetiremos esto, tres veces.
Después nos quedaremos inmóviles y respiraremos por la nariz suavemente y en silencio.
Estamos preparados para meditar. Ahora viene el trabajo más introspectivo e importante del “zazen”.


4. LA RESPIRACIÓN

El ritmo respiratorio es básico en el Zen y es el punto que más dudas provoca.
Cuando nos ponemos a pensar en la forma en la que debemos respirar, no sabemos cómo hacerlo. Es como si este acto involuntario se convirtiera en un enigma insondable.
Lo mejor es empezar inspirando por la boca y espirando por la nariz. Después, pasaremos a una aspiración completamente nasal, en la que tendrá especial importancia la espiración, que deberá ser lenta y profunda.
De todos modos, si seguimos teniendo problemas para controlar nuestra respiración, lo mejor será primero pararse a observarla. Antes de forzarnos a respirar de un modo concreto, deberíamos saber cómo lo hacemos. Ésta es la única forma de llegar a tener una respiración correcta dentro de la meditación Zen.

Existen tres tipos de respiración:

-PULMONAR: Es la menos profunda de todas, pues actúa a un nivel muy superficial. La inspiración es mucho más importante que la espiración. Se emplean la caja torácica y los músculos pectorales. Normalmente es propia de personas nerviosas. Aporta muy poca tranquilidad y en momentos de crispación puede acelerarse aún mucho más. 

-DIAFRAGMÁTICA: En este caso es como si el aire llegara más adentro y también se expandiera por los lados. Resulta más profunda por la presión que ejercen los músculos sobre la caja torácica, vaciándola un poquito más que con la pulmonar. Esta respiración supone también cierta relajación de los músculos dorsales.

-ABDOMINAL: Esta es la respiración más profunda y más saludable para nuestro cuerpo. Provoca una especie de oleaje, que hace que la presión sobre la caja torácica llegue al diafragma y de ahí a los abdominales.
Cuando respiramos así, vaciamos completamente los pulmones, por lo que la aspiración es mucho más importante que la inspiración.
Con la práctica, esta respiración puede hacerse llevar al bajo vientre. Esto es lo que en Zen se llama “Hara”, que significa “océano de energía” en japonés.
Esta es la respiración a la que deberíamos tender durante el “zazen”.


5. EL ESTADO DE CONCIENCIA

Los maestros Zen recomiendan que no se piense absolutamente en nada. Hay que dejar la mente en blanco.
Esto es un principio muy difícil y muchos practicantes se ponen muy nerviosos al no conseguirlo de buenas a primeras.
Se ha de entender el proceso en su totalidad.
Para empezar, se trataría de evitar tensiones cuando aparezcan los pensamientos. La clave es imaginar que son como nubarrones que van pasando de largo. Así, su presencia no debe inquietarnos, sino que debemos aprender a extraerlos de nuestro horizonte.
La postura y la respiración consiguen que el córtex cerebral esté en total reposo. La sangre llega a las capas más profundas del cerebro y esto produce una sensación de paz y serenidad. El sistema nervioso se relaja y podemos conectarnos con el cerebro más primitivo. También se desarrolla un estado mental altamente intuitivo.
Durante la meditación es normal que nos vengan pensamientos a la mente, que valoremos nuestros problemas, inquietudes, etc, pero si nos concentramos en la postura y la respiración, podemos llegar a un estado superior en que esas dificultades desaparecerán porque tendremos una conciencia cósmica.
Se trasciende a un estado superior de la conciencia en que los problemas individuales se diluyen y se adquiere una paz que permite verlos como procesos que ocurren, pero que no nos preocupan ni provocan reacciones desagradables. Es el estado del Zen en el que podemos contemplar nuestra vida desde la paz de espíritu.


6. ERRORES COMUNES

Las sensaciones que se desprenden de la práctica del Zen son muy variadas y en muchos casos resultan desconocidas para el principiante. Esto puede conducirnos a un error. Pensar que estamos llegando a estados que en verdad no son ciertos.
Cuando se alcanzan estados Zen no hay ninguna duda. Habitualmente cuando uno se plantea si es así o no, es porque no ha sucedido.
La meditación nos conduce a un estado de relajación consciente, sin embargo, es fácil confundirlo con la relajación más inconsciente, derivada del sueño. La diferencia básica es la respiración y el tono muscular. Cuando nos acercamos a ese estado de ensoñación, llamado “konchin”, perdemos la postura. Los músculos se relajan, lo que es justamente opuesto a lo que buscamos. La respiración se convierte en involuntaria (como ocurre durante el sueño) y no tenemos ningún control sobre ella. Bajamos la guardia, dejamos de ser perceptivos, la conciencia se vuelve difusa.
Cuando esto ocurre, lo mejor es ser conscientes y regresar a la postura inicial. Estirar la columna vertebral e impedir que los ojos se cierren. Prestar atención de nuevo a la postura de las manos y volver a controlar la respiración.




28 noviembre 2013

¿CÓMO SABER QUÉ HAY EN NUESTRO SUBCONSCIENTE?



El método más simple para obtener respuestas de tu subconsciente se llama Test de Balance.
Es extremadamente simple de aprender y no requiere la ayuda de nadie más, por lo que se puede usar cuando estás solo.
Para probar el Test de Balance, debes adoptar una posición vertical y asegurarte de estar cómodo. La habitación debe ser tranquila y libre de distracciones, incluyendo música y televisión. Te será más fácil de aprender si estás solo o con alguien que esté aprendiendo junto contigo.

Esto es lo que hay que hacer:

Permanece de pie y parado, con tus pies separados del ancho de los hombros así estás en equilibrio de manera confortable.
Quédate quieto con las manos a los costados.
Deja ir todas tus preocupaciones y relaja tu cuerpo completamente. Cierra tus ojos si te sientes cómodo haciéndolo.
En pocos segundos notarás que es casi imposible permanecer completamente quieto. Tu cuerpo cambiará su posición continuamente de manera suave en diferentes direcciones, mientras tus músculos trabajan para mantener tu posición vertical. Notarás que estos movimientos son muy suaves y que no están bajo tu control consciente.
Cuando hagas una afirmación positiva, verdadera o congruente tu cuerpo debería comenzar a balancearse hacia adelante notablemente, usualmente en menos de diez segundos. 
Cuando hagas una afirmación incongruente o falsa debería balancearse hacia atrás dentro de la misma estructura.

Cuando estés listo, simplemente afirma las palabras “amor incondicional”. Mantén esta frase en tu mente y trata de sentir los sentimientos que están conectados con esta frase. En pocos instantes, tú deberías notar que tu cuerpo se balancea hacia adelante. Como una planta creciendo en dirección a la luz, tu cuerpo se balanceará de manera suave hacia la energía positiva de ese pensamiento.
Ahora deja tu mente en blanco y di la palabra “odio”. Trata de sentir los sentimientos que están conectados a este sentimiento. Como cualquier organismo que se alejará de manera automática de una sustancia envenenada o dañina, tu cuerpo debería alejarse del pensamiento de “odio”. Podrás notar que tu cuerpo, en diez segundos más o menos, va a empezar a balancearse hacia atrás. Es muy importante que no trates de forzar tu cuerpo para que se balancee hacia adelante o atrás. Simplemente, deja que tu cuerpo se balancee solo. Le estás dando a tu subconsciente su primera oportunidad de hablarte de esta manera directa y debe ser hecho de manera suave para mejores resultados.

Ahora trata de hacer una afirmación que sepas que es verdadera. Afirma tu nombre en voz alta diciendo: “Mi nombre es _________”. Si tu nombre es Alex por ejemplo, dirías: “Mi nombre es Alex”. Tu subconsciente sabe qué es congruente o verdadero. Cuando haces una afirmación verdadera, sentirás que tu cuerpo empieza a balancearse de manera suave hacia adelante porque es atraído hacia la positividad, congruencia y verdad.

Asegúrate de mantener tu mente en blanco sin otros pensamientos luego de hacer tu afirmación. Si tus pensamientos están deambulando, será difícil para tu subconsciente determinar lo que tú estás buscando.
Es importante tener paciencia contigo mismo. Cuando aprendes este método al principio, puede llevarte más tiempo de lo esperado para que tu cuerpo se balancee. No te desalientes si esto ocurre.
El tiempo de respuesta de tu cuerpo se acortará de manera significativa cuanto más practiques.
Lo más importante es permanecer enfocado en la afirmación o pensamiento que sea que hayas producido. Sólo mantén tu mente en calma y permite que tu subconsciente se comunique contigo a través del mecanismo de tu cuerpo físico.

Otra técnica para acceder al subconsciente es a través del Test muscular: 

Es el método más utilizado, también es conocido por test kinestésico o kinesiología. 
El test muscular nos puede decir la salud total y el equilibrio de nuestros cuerpos.
Puede ayudar a identificar áreas vulnerables antes de que las dolencias y las enfermedades se apoderen. Nos brinda una forma directa de preguntarle al cuerpo qué lo está molestando y, una vez que hemos tratado el problema, nos puede decir si hemos corregido el problema o no.
Nos puede decir si hay emociones atrapadas presentes en el cuerpo y hacernos saber el momento en que han sido liberadas.
Nuestros subconscientes están monitoreando de manera constante los glóbulos blancos en nuestras venas y los latidos de nuestros corazones. Estos sistemas son inconscientes para nosotros. Nuestra computadora interna está perfectamente al tanto de qué es lo que pasa exactamente dentro nuestro a cada nivel, todo el tiempo.
Nuestros cuerpos pueden decirnos qué es bueno para nosotros y qué no lo es. Incluso tenemos una respuesta física cuando decimos la verdad o mentimos. Los músculos se debilitan de manera instantánea cuando mentimos. Permanecen fuertes cuando decimos la verdad.

El test muscular también puede usarse para descubrir qué es lo que está sucediendo en el cuerpo de otra persona.
Puedes aprenderlo fácilmente y utilizarlo para ayudarte a ti mismo, a tus amigos y a tus seres queridos a identificar y liberar las emociones atrapadas.

El Test Básico del Brazo (para hacer el test a otra persona):

Primero que nada pregúntale a la persona que deseas hacerle el test si tiene dolor en alguno de los hombros. Si tiene, no uses ese brazo porque puede agravar su condición. Si tiene problema en ambos brazos, o si es demasiado joven, o está demasiado débil o enfermo para hacerle el test, deberías buscar una forma diferente de test.

1. Pídele a la persona que vas a hacer el test que se pare y mantenga un brazo extendido hacia el frente, horizontal al piso. No debe mantener el puño apretado sino dejar la mano relajada.

2. Coloca los dos primeros dedos (índice y corazón) de tu mano suavemente sobre su brazo, justo sobre su muñeca.

3. Ubica tu mano libre en el hombro opuesto para apoyarlo.

4. Dile a la persona “Te voy a hacer decir una afirmación y luego voy a presionar tu brazo. Quiero que lo resistas manteniendo tu brazo en el mismo lugar donde está; trata de evitar que yo empuje tu brazo hacia abajo”.

5. Haz que la persona afirme su nombre. Si su nombre es Kim, por ejemplo, él o ella dirá: “Mi nombre es Kim”.

6. Realiza el test muscular incrementando de manera suave y constante la presión de su brazo hacia abajo, yendo desde nada de presión hasta una presión bastante firme dentro de alrededor de 3 segundos.

7. La articulación del hombro debe permanecer “trabada” contra tu firme presión hacia abajo y no debe ceder.

Si la afirmación que acaba de hacer es verdadera, debes sentir que su brazo está “trabado” contra la presión que ejerces hacia abajo. Si la afirmación es falsa, debes sentir que su brazo empieza a ceder bajo el suave incremento de tu presión.
Siempre debes utilizar el mínimo de fuerza requerida para percibir si el brazo permanece trabado o no. Eso es lo que tú estás buscando.

Aquí hay algunos consejos que te ayudarán a mejorar y dominar el test muscular:

1. No utilices demasiada fuerza, sólo la que necesitas para obtener la respuesta. Piensa en suavidad, no en fuerza.
2. Suavemente, incrementa la fuerza de cero a firme por 3 segundos.
3. Mantén tus dedos en la posición correcta. Si pones tus dedos sobre los huesos de su muñeca, su brazo se debilitará porque el cuerpo tratará de proteger a los huesos de la muñeca. Tus dedos deben estar ubicados justo arriba de la muñeca (la parte de arriba de su brazo).
4. Recuerda que la persona a la que estás haciendo el test debe estar dispuesta a hacerlo. Si su actitud es cínica o escéptica, será más difícil para ti practicarle el test. No pierdas el tiempo con personas que no quieren ser ayudadas o que no están abiertas a ser ayudadas.
5. Puedes experimentar con varias posiciones de brazos para ver cuál funciona mejor para ti y quien sea con quien estés trabajando. Otra opción es que la persona mantenga su brazo extendido hacia el costado en vez de extendido hacia el frente.

Bradley Nelson. "El código de la emoción".

27 noviembre 2013

LOS 9 NIVELES DE LA MEDITACIÓN


La meditación es un proceso en el que se pasan por nueve niveles:

Cuando uno empieza a meditar en calma mental y se sienta, se dice a si mismo: “Bien, voy a meditar durante diez minutos y durante este tiempo voy a mantener la atención en esta imagen de Buda o voy a observar la respiración”.


1. El primer nivel se llama “emplazar la mente”.

En este primer nivel: “Vaya desastre!”…
Nos damos cuenta de que casi ni encontramos el objeto.
Durante toda la sesión nos decimos: “se supone que tengo que observar la respiración y sin embargo la mente se va a todos lados!”.
Así que sólo a veces recuerdas que se tiene que observar la respiración, pero tu mente anda la mayor parte del tiempo de aquí para allá.
En realidad se trata de intentar, primero, fijar la mente en el objeto, así que toda la sesión transcurre fijando la atención al objeto.


2. El segundo nivel se llama “emplazamiento continuo”.

En este nivel se es capaz de fijar la mente en el objeto y permanecer por poco tiempo en él antes de volverlo a perder.
Hay continuidad. Antes no había continuidad en absoluto; fijabas la atención y se iba.


3. El tercer nivel se llama “emplazar de nuevo”.

En este nivel se puede permanecer en el objeto durante bastante tiempo. Estás en el objeto y de vez en cuando se pierde, pero tan pronto como se pierde, eres consciente de ello y puedes volver a fijar la mente en el objeto.


4. El cuarto nivel se llama “emplazamiento cercano”.

En este nivel, desde el principio hasta el final de la sesión no pierdes el objeto en absoluto. Durante toda la sesión puedes mantener la atención en él.
Aún hay distracción y pesadez pero una parte de la mente ya no pierde el objeto.


5. El quinto nivel se llama “disciplina”.

Porque en el cuarto nivel has podido estar durante toda la sesión en el objeto, familiarizándote con él, llegas a un nivel de paz interior que nunca antes habías experimentado. Es como si tu mente hubiese sido siempre como agua hirviendo y de pronto el agua se calma y ves que tu mente experimenta tranquilidad.
La diferencia entre el quinto y el cuarto nivel consiste en que en el quinto no hay ni laxitud ni excitación burdas, solo un poco sutiles.


6. El sexto nivel se llama “pacificación” y es muy difícil reconocerlo porque el objeto está ahí, estable y claro, pero falta intensidad en la fijación.
En general, cuando llegamos a este nivel, es mejor inclinarse hacia el lado de la excitación sutil que hacia el de la laxitud sutil, porque la excitación sutil es fácil de reconocer.


7. En el séptimo nivel puedes permanecer en el objeto. 

Te sientas a meditar y permaneces en el objeto. Y de vez en cuando tienes que comprobar si surgen excitación o laxitud, pero la mayor parte de la sesión estás continuamente consciente del objeto.
La excitación y la laxitud ya no son fuertes, no se dan con frecuencia y si surgen sólo tienes que pararlas, y el pensamiento se para, la emoción se detiene.


8. El octavo nivel es en realidad un proceso de pasar de la mente ordinaria, que tiene distorsiones, a una mente de calma mental. 

Es como entrar en un túnel, o entrar en algo.


9. El noveno nivel se llama “emplazar en equilibrio”.

En él ya no hay esfuerzo. Sólo con sentarte a meditar estás tan familiarizado con ese estado que sólo de sentarte ya permaneces en él durante toda la sesión. No importa lo larga que sea, puedes permanecer en el objeto sin ninguna excitación o laxitud.
Este es un estado de mente fantástico.

Una vez lograda la calma mental, al cabo de un tiempo, produce una transformación del cuerpo y la mente, surge un gozo físico y mental y este gozo da lugar a una flexibilidad física especial: elasticidad o ligereza del cuerpo y de la mente, agudeza, flexibilidad de la mente.
Cuando se ha completado este proceso, sabes cuál es el problema y cómo afrontarlo para pasar al siguiente nivel.

Venerable Rene Feusi

LOS 5 MANDAMIENTOS PARA LA PAZ MENTAL


1. No Interferir en las cuestiones de los demás: 

Como sea que los otros vivan sus vidas es problema de ellos. Nosotros podemos no estar de acuerdo con cambiarlo, pero no podremos modificar nada. Los únicos que van a cambiar, y a veces, somos nosotros. Interferir en los problemas de los demás nos puede traer rechazo, enojo, y mucho más. Dejen eso atrás y enfóquense en lo suyo.


2. La importancia del perdón:

Traer un enojo adentro es como cargar un carbón encendido, quemándonos constantemente. Debemos dejar ir los enojos y perdonar. Cultivar un corazón de amor y benevolencia y olvidar las cosas negativas. Lo que las personas hacen malo es problema de ellos no de nosotros. Dejémoslo atrás, sólo nos causará problemas.


3. No busquemos ser reconocidos:

Hagamos las cosas por nosotros mismos, por nuestro propio beneficio, no por el de los demás. Las alabanzas no duran mucho tiempo. Tengamos confianza en nosotros mismos. No necesitamos reconocimiento. El buscar reconocimiento hace que no hagamos las cosas por la pasión, sino por los otros. Dejemos eso atrás.


4. No seamos celosos:

El celo es como un odio. Es un gusano interno que nos devora y nos destruye. No seamos presos de él. Enfoquémonos en nosotros mismos. Algunas veces estamos adelante, otras veces atrás. Si alguien hizo algo bueno celébrenselo, no se lo condenen. La envidia es terrible, es peor que estar enojados. Es un mecanismo de defensa, pero hay que dejarlo atrás.


5. Meditar Constantemente:

La meditación significa estar en paz, en absoluta relajación. Es un momento en donde nuestra mente se aclara de todo pensamiento negativo e imparcial, y nos deja en un estado de limbo y tranquilidad absoluta. Deja nuestra mente en blanco, libres de odios, y terrores. Todos la buscamos de una forma u otra. Es vital.

Budismo Tibetano

25 noviembre 2013

¿QUÉ ES EL ZEN?




Para entender la filosofía Zen es imprescindible comprender el budismo y algunas de las principales religiones orientales.

El Budismo tiene el objetivo de que todos los seres sean felices. No busca la salvación de sus almas, como la mayoría de las religiones monoteístas, sino que intenta apartar el sufrimiento de la vida.
Para ello, Buda indagó sobre la raíz del dolor.
Todos estamos condenados a sufrir. ¿Por qué? Básicamente porque todo se acaba, porque estamos en un mundo en que todo es perecedero. La vejez, la enfermedad, la muerte, estamos contínuamente expuestos a ellas y son la principal causa del dolor.
Para huir de él, nos aferramos a los momentos de alegría, pero éstos reportan aún más sufrimiento cuando acaban.
La idea que mantiene el budismo es que atarse a este mundo sólo produce dolor. Por ello debemos buscar la iluminación: comprender que este mundo es ficticio, que vivimos rodeados de apariencias y somos nosotros los que decidimos creerlas ciertas. 

Existe un mundo imperecedero. Es donde están nuestras almas antes de llegar a la Tierra y donde vuelven a ir cuando morimos.
En ese mundo, la felicidad es auténtica, porque no tiene fin.
Por lo tanto, se ha de llegar a un estado que nos permita ver el universo en su totalidad y sirva para que seamos conscientes que todo lo que damos por cierto no es nada más que apariencia. 

Todos nuestros actos tienen una reacción. Es la ley del karma. Y nosotros tenemos que equilibrar la balanza.
Volveremos de nuevo a la Tierra para saldar las deudas kármicas de nuestra anterior existencia. Pero al vivir de nuevo, crearemos más karma y por tanto tendremos que volver de nuevo. Y así sucesivamente.
La única forma de acabar con todo esto es escapar a la ley del karma, pero no es fácil.
El único camino es dejar de sentir las emociones que forman parte de las apariencias. No sentir rabia, ni ira, ni envidia, ni alegría, ni dolor… Comprender que todo esto son sólo engaños que no nos permiten evolucionar a un estado superior de conciencia. Sólo así, según el Budismo, se podrá acceder al Nirvana, un estado en que nos libraríamos de la cadena de reencarnaciones y formaríamos parte de todo el universo.
En el Budismo, el Nirvana supone la aniquilación, la destrucción de la individualidad, que es la única forma de acabar con el sufrimiento. La única fuente que procura la felicidad absoluta.
En el Budismo no existe el concepto de pecado. No hay nada que esté bien o mal, porque así lo mande un Ser Supremo. Cada cual busca la felicidad de la forma que puede.
Dañar a los demás es perjudicial, porque incrementa el karma negativo, y es una forma de hacernos daño a nosotros mismos.
Alcanzar la Iluminación, ese estado que nos permite ver el mundo tal y como es y prescindir de las apariencias, no es un camino fácil. Para ello, es necesaria la meditación, que es la única forma de abstraerse de lo que nos rodea y conectar con nuestra verdadera naturaleza.

El Budismo es la religión más individualista. Cada uno busca su propia iluminación, y como mucho, puede compartir sus conocimientos con otros que también ansíen llegar a este estado.
Al pensar en el Budismo, la imagen que nos viene a la mente es la de monjes asiáticos, con la cabeza rapada, el manto rojo, meditando largas horas en busca de la verdad absoluta. Sin embargo, el Zen rompe completamente con este concepto.
En la filosofía Zen, no hay necesidad de retirarse del mundanal ruido, no es necesario renunciar a todo, se puede vivir el día a día de forma mística para conseguir la paz de espíritu.
El Zen es la disciplina de la Iluminación, y es que ése es su único objetivo.
Los seguidores del Zen no teorizan sobre el origen y el final del mundo, no se dejan llevar por la metafísica, no es necesario recitar sutras, ni dedicar horas a la meditación, ésta se puede llevar a cabo en cada una de las acciones cotidianas.
La espiritualidad no es una renuncia al quehacer diario.
El Zen se practica en la cotidianidad. Es una filosofía aplicable a cualquier tipo de vida, esto es lo que hace que sea una filosofía mucho más mística que ninguna otra, ya que no separa lo divino de lo humano, sino que convierte a cada acción humana en una forma de trascender y, por tanto, de encontrar la Iluminación.

En el Zen, no se impone un camino o una serie de preceptos que el hombre deba cumplir. Casi todas las religiones tienen un objetivo y una razón para alcanzarlo: ser buenos para no ir al infierno, llegar a la iluminación para dejar de sufrir… Esto no ocurre en el Zen.
El Zen es la búsqueda de la espiritualidad por la espiritualidad.
La naturaleza del ser humano es ya pura y elevada, por tanto, volver a ella implica liberarnos de todas las apariencias impuestas y regresar a un estado originario.
La Iluminación es un estado que ya tenemos de salida y no se trata de hacer grandes sacrificios para acceder a ella. 
El Zen apenas tiene normas y preceptos que se tengan que seguir al pie de la letra, es una doctrina muy libre.
La meditación es una de las formas de encontrar el camino hacia la iluminación, por eso el Zen desarrolla muchas técnicas en este sentido. No se trata de una imposición, sino de una recomendación.
La iluminación se puede alcanzar desde cualquier camino, cada uno tendrá que encontrar el propio para llegar a este estado de liberación del sufrimiento.

Es imposible encontrar un escrito que explique cómo se ha de vivir según el Zen, pues esto sería una contradicción en sí mismo. Una filosofía libre no tiene mandatos. 
El Zen se ha ido transmitiendo a lo largo de los siglos a través de maestros a sus discípulos. No se ha de intelectualizar lo místico, sino que se ha de vivir.
No sirve el estudiar libros sagrados, el conocimiento llega gracias al ejercicio de la intuición.
Los maestros del Zen no dan largas explicaciones teóricas, sino que plantean a sus alumnos situaciones que sirven para que ellos desarrollen su intuición.
El Zen es una experiencia vivida, no pensada.
El Zen intenta que se consiga la paz interior, ese estado mental en que no se fuerza nada, sino que todo fluye de forma natural. Por tanto sería contradictorio que para alcanzarlo uno tuviera que hacer un sobreesfuerzo intelectual.
El maestro del Zen apunta directamente a la mente del alumno. Éste alcanza el estado de Buda desde su propia naturaleza y no desde la reflexión intelectual.


LA HISTORIA DE BUDA


En la tradición mahayana se suele presentar la vida de Buda según el formato de lo que se llama las doce acciones.
Las doce acciones son las mismas actividades que realizarán los mil budas que van a aparecer durante este eon afortunado en este sistema de mundos. Todos ellos llevarán a cabo el mismo tipo de actividades. 
No vivirán exactamente igual, nacerán de maneras diferentes, pero todas sus vidas tendrán cierto formato que será similar.
Por esta razón, quizá penséis que esto es algo que sucedió en el pasado, pero también sucederá en el futuro. De manera que si lo conocéis, podréis estar preparados para cuando vengan Maitreya y los demás.

En las escrituras mahayana se dice que la primera acción de Buda fue abandonar Tushita, transferir a Maitreya, que será el próximo buda, la tarea de dar enseñanzas y residir en Tushita. 

La segunda acción es entrar en la matriz, el vientre de su futura madre, y en ese momento su madre tuvo un sueño muy espectacular y agradable: un elefante blanco con seis colmillos entraba en ella.

La tercera acción: Inmediatamente después de salir del vientre, tras nacer, Buda fue capaz de levantarse y dar siete pasos.

La cuarta acción: Buda Siddharta demostró ser increíblemente diestro y experto en muchas cosas.

La siguiente acción se llama divertirse o disfrutar con un harén o corte de esposas.
La quinta acción: Todo tipo de placer sensorial, comida, afecto. Dentro de los muros de la ciudad real, se construyeron para Gautama varios castillos.
Durante esta época, Buda manifiesta lo que tal vez nosotros evidenciamos cuando cunde el aburrimiento. Quiere salir del templo.

La sexta acción: En su primer viaje ve a algunas personas, en viajes sucesivos en diversas ocasiones. Ve ancianos, enfermos y a una persona muerta.
Cada vez le preguntaba a su asistente: “¿Qué es esto? Nunca he visto algo parecido. ¿Por qué este hombre anda encorbado y con bastón? ¿Qué le pasa?” Y su asistente le respondía: “Es un anciano, eso es lo que le pasa”.
Siddharta le decía: “¿Eso es habitual? ¿Hay mucha gente así?” Y el asistente le respondía: “Esto le pasa a todo el mundo, a todos, es el destino de todos”. 
Después reparó en alguien que parecía un renunciante, alguien que buscaba el sentido de la vida; trascender el nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte. Todo lo que Buda había descubierto.
Se supone que esto fue lo que hizo que empezara a bullir la mente de Siddharta y le hizo caer en la cuenta: “Esto es lo que tengo que hacer, yo también debo abandonar mi hogar”.

La séptima acción: Entonces tomó su regio cabello y con su propia espada cortó los hermosos rizos.
Se dice que esa es una de sus reliquias y fue en busca de maestros, de una respuesta a la enfermedad, a la vejez y a la muerte.
Sus maestros lo querían mucho, sabían que era un príncipe y veían sus grandes cualidades y que había alcanzado su mismo estado. Aunque ellos eran los maestros, él había alcanzado sus mismos logros en muy poco tiempo. Y le pidieron que se quedara para dar enseñanzas a sus discípulos. Pero él no quiso y se fue en busca de una respuesta al enigma al que se enfrentaba.
Algunos días se sustentaba sólo con una pequeña baya de algún árbol, así el Buda Siddharta se quedó muy demacrado.

La octava acción: En este momento, Buda empezó a reconocer que no estaba haciendo ningún progreso. Cuando fue a bañarse al río, comprobó que estaba tan débil que no podía ni siquiera salir del agua, así que empezó a preocuparse por lo que le iba a suceder. Se puso a mendigar comida y a partir de ese momento empezó a sentirse revitalizado.

La novena acción: Buscó un lugar donde meditar. Se sentó en un cojín de hierba, con una determinación: “No me levantaré hasta alcanzar la esencia de la iluminación”. Y esta es la demarcación del siguiente acto, que se llama “la derrota de mara” o “de los maras”.
“Mara” puede ser una parte de nuestro propio Ser, de nuestra mente, o algo externo que obstaculiza nuestro desarrollo espiritual.


La décima acción: Esa noche alcanzó la iluminación, bajo el árbol bodhi; transformado completamente. Había eliminado de su mente todo vestigio de ignorancia y todo tipo de limitación, y allí pasó las siguientes siete semanas, sin alejarse demasiado. “¿A quién voy a dar enseñanzas? Oh, aquellos cinco discípulos con los que pasé seis años, su mente, su ojo del dharma está sólo ligeramente cubierto con el polvo de la ignorancia”. Sabiendo dónde se encontraban, emprendió el viaje hacia el Parque de los Ciervos, cerca de Sarnath.

La undécima acción: Empezó a impartir el primer discurso sobre las Cuatro Nobles Verdades. Este es el siguiente período extenso en la vida de Buda. Dio enseñazas durante muchas décadas.
El resto de su vida fue dando estas enseñanzas, haciendo girar la rueda del Dharma.


La duodécima acción: Finalmente mostró el aspecto de fallecer, de morir, de pasar al paranirvana.

Así que en resumen, sólo como una especie de introducción, ésta es la vida de Buda, las doce acciones.

Budismo Mahayana

LA PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN BUDISTA




La enseñanza del Buda dice de manera clara y neta: “debéis hacer del momento presente el momento más magnífico, el más maravilloso de vuestra vida. Debe convertirse en el momento más maravilloso de vuestra vida. Sois inteligentes. Sabéis lo que hay que hacer para transformar este momento presente en un momento maravilloso.”
Sólo la libertad puede ayudaros. Liberaos de vuestras preocupaciones, de vuestras inquietudes sobre el pasado, el futuro, etc.

Buda decía: “El pasado ya no está aquí; el futuro todavía no está aquí; hay solamente un momento en el cual podéis estar realmente vivos: es el momento presente. Por lo tanto, cuando hacéis una inspiración, os liberáis del pasado, del futuro, y os instaláis firmemente en el momento presente.”

Inspiro… soy la inspiración: vosotros sois la inspiración, os establecéis en el aquí y el ahora.
Una inspiración es algo muy agradable, placentero, nutritivo, curativo.
Con la inspiración la energía de la plena consciencia nace, la energía de la concentración nace. Y si continuais viviendo en la concentración, tendréis visiones muy profundas de todo lo que está ahí. Y esta visión nos aporta la comprensión que nos ayuda a liberarnos de nuestro sufrimiento.


Plena consciencia, concentración, y visión profunda, son las energías que pueden ser liberadas por la práctica. La practica de la respiración consciente y el caminar en plena consciencia.
Cuando hablamos es difícil practicar la respiración consciente, por lo tanto, hablemos muy poco para poder tener el tiempo de practicar la respiración consciente.
Hay que regocijarse en la inspiración, hay que regocijarse de nuestra espiración.
Observa el cielo azul, la flor, la vegetación, el niño… haces una inspiración y estás verdaderamente ahí, estás en contacto con las maravillas de la vida en el momento presente.


Cuando camines, hazlo en plena consciencia. Camina como una persona libre.
¿Libre de qué?
Libre de arrepentimientos en lo que concierne al pasado, libre del miedo, de la ansiedad en lo que concierne al futuro.
Camina como un hombre, como una mujer libre. Y cuando camines así, estás en pleno contacto con las maravillas de la vida y estás en la Tierra Pura del Buda, o en el reino de Dios. Y más adelante, podrás reorganizar tu vida para poder vivir así, respirar así, caminar así, comer así, mirar así.


Es posible adquirir momentos de libertad en la vida cotidiana.
En la vida cotidiana somos llevados por los acontecimientos.
Hay una clase de energía llamada energía del hábito, que nos empuja todo el tiempo a correr, a pensar en el futuro, y no somos libres para nada.
No hablamos de libertad política, hablamos de libertad en lo que concierne a nuestras energías negativas, sobre todo la energía del hábito.


La práctica de la plena consciencia nos ayuda a reconocer esta energía cuando ella aparece. Esta energía que nos empuja a correr, a apresurarnos, esta energía que nos impulsa a decir cosas que no queremos decir, esta energía que nos empuja a hacer cosas que no queremos hacer.
La respiración consciente nos va a ayudar.


No vamos a luchar contra esta energía. Una batalla no es necesaria.
Lo que debemos hacer es sonreír a esta energía y decir: “Hola, energía del hábito, te he reconocido”, eso es todo.
El Buda ha practicado así también.


Por lo tanto la respiración consciente y el caminar en plena consciencia nos ayudan mucho a generar esta energía de plena consciencia que nos va a ayudar a reconocer esta energía del hábito. Y cuando la energía del hábito es reconocida, ya no puede empujarnos a hacer las cosas que no queremos hacer.

Estar conscientes en este momento, en cada momento… Es la clave para alejarnos del sufrimiento.

La libertad es lo que se cultiva con la práctica.
Cuando inspiro puedo hacer dos o tres pasos. En cada paso digo: “Estoy en mi casa”.
Y cuando expiro puedo hacer dos pasos y decir: “He llegado, ya he llegado”.
Es porque en la práctica, nuestra verdadera morada es aquí y ahora. La dirección de la vida, la verdadera dirección de la vida, es aquí y ahora.


Por lo tanto, cada paso debe llevaros a nuestra verdadera morada, que es el aquí y el ahora. La dirección de la Tierra Pura del Buda o el Reino de Dios es también el aquí y el ahora. Así que hay que volver a este sitio para poder tocar las maravillas de la vida que pertenecen a la Tierra Pura.

“Estoy en mi casa. He llegado, he llegado a mi casa, que es el aquí y el ahora. He llegado al aquí y al ahora”.
Y si tenéis bastante concentración en esto, la alegría va a convertirse en una realidad.


La práctica de la meditación budista consiste en dos elementos: el parar y la mirada profunda. Samatha y Vipassyana.
Camináis, pero ya habéis llegado. Ya no corréis más.
Hemos corrido durante toda nuestra vida, hemos corrido en las vidas pasadas y hemos corrido durante todas nuestras vidas. Es porque creemos que la felicidad no es posible en el aquí y el ahora. Es por lo que hemos continuado corriendo.
“Necesito otras condiciones para ser verdaderamente feliz”.

Esta idea, esta creencia, nos empuja a correr.
La práctica consiste en pararse. Porque según la enseñanza budista, las condiciones para la felicidad son suficientes en el instante presente.


Practica el detenerte, no sólo en la meditación sentada, también practica el detenerte durante la comida.
Entre nosotros hay personas que continúan corriendo durante la comida, ellos están ahí, comiendo, pero de hecho, continúan corriendo en su pensamiento.
Practicar el detenerse es la práctica fundamental: hay que dejar de correr.

“Estoy en mi casa, he llegado”. Quiere decir, que no tengo que correr más. Es todo.
Lo que busco está aquí mismo, está ahora. 


¿Qué es lo que busco?

Busco la felicidad, busco la paz, busco la Tierra Pura, pero todo esto está disponible en el momento presente. Por lo tanto debo detenerme para entrar en contacto con estas cosas.

Y si vuestra energía de la plena consciencia es suficientemente poderosa, la alegría nace, cada paso dado de esta forma, os da la fuerza, la alegría, la estabilidad, la libertad. Os resistís a la tendencia de correr hacia el pasado o hacia el futuro. Estáis verdaderamente instalados en el momento presente. Hay solidez, hay libertad en cada acto de caminar.
Caminad como un Buda.
Caminad como un hombre libre, como una mujer libre.


¿Libres de qué?

Libres de tormentos, de arrepentimientos en lo que concierne al pasado; libres del miedo, de la ansiedad concerniendo al futuro.
Estáis instalados en el momento presente, estáis en contacto con las maravillas de la vida que están disponibles, sois personas libres.
Y sabéis muy bien que sin libertad no hay felicidad posible.
La verdadera felicidad reposa en la libertad.


Liberaos de esta angustia, de este miedo, de este arrepentimiento, para poder vivir verdaderamente el momento de vuestra vida.
La práctica es para liberarnos de estos obstáculos con el fin de poder entrar en contacto profundo con las maravillas de la vida que nos curan, que nos transforman, que nos dan la alegría, el amor.
Y es sobre esta base como podemos ayudar a los demás a sufrir menos, a restaurar su bienestar, su sonrisa.


Buda, Dios, la felicidad, están disponibles 24 horas cada día.
La Tierra Pura, el Reino de Dios es nuestra felicidad, y pertenecéis a ello; están disponibles para nosotros 24 horas cada día.


“Estoy en mi casa, he llegado. No hay más que el aquí y ahora.
Bien sólido, verdaderamente libre, tomo refugio en mi mismo.
Estoy en mi casa, he llegado. No hay más que el aquí y ahora.
Bien sólido, verdaderamente libre, en la tierra pura me establezco”.




Thich Nhat Hanh

24 noviembre 2013

HO´OPONOPONO




Hoʻoponopono es un antiguo método de sanación hawaiana basada en la reconciliación y el perdón.
Se define en el diccionario hawaiano como “higiene mental: conferencias familiares en donde las relaciones se corrigen a través de la oración, confesión, arrepentimiento, compensación mutua, el perdón y el agradecimiento".

La técnica de Ho’oponopono nos permite sanar nuestra mente. Si vemos situaciones desagradables a nuestro alrededor, estarían reflejando áreas de nuestra propia mente que necesitan sanación.

Hemos aceptado la creencia en que hay personas y situaciones con las que no estamos unidos y que están fuera de nuestro control. Sólo nos queda intentar cambiarlas o negociar con ellas o adaptarnos.
En cambio esta técnica, Ho’oponopono, propone que somos 100% responsables de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Entonces, cada vez que algo desagradable pase a formar parte de nuestras vidas, cualquier suceso o encuentro que nos resulte molesto en cualquier forma, podemos sanar la parte de nuestra mente que lo creó o que lo convocó.

Un terapeuta en Hawaii curó un pabellón completo de pacientes criminales con serias patologías sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él (el psicólogo) había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente mejoraba también.
¿Cómo podía una persona curar a otro tratando de curarse a si mismo? Y, ¿cómo podía, aunque fuera un verdadero maestro con un gran poder de autocuración, sanar a criminales insanos?
El terapeuta había usado Ho´oponopono.

Solemos entender que “total responsabilidad” significa que soy el responsable de lo que pienso y hago, pero no soy responsable de lo que hacen los otros. Y que lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Pero la realidad no es así.

El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas, el Dr. Ihaleakalá Hew Len, nos enseña una nueva perspectiva acerca de lo que es la total responsabilidad.

El dr. Len había trabajado en el Hospital Estatal de Hawaii durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los enfermos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal se enfermaban al poco tiempo o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba el pabellón caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por los pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.
El Dr. Len nunca vio a los pacientes. Acordó tener una oficina y estudiar los legajos. Mientras miraba esos legajos, trabajaba sobre si mismo. Y mientras lo hacía, los pacientes mejoraban.
“Luego de unos pocos meses, a los que debían permanecer encadenados se les podía permitir que caminaran libremente” dijo el dr. Len. “A otros, a quienes tenían que mantener permanentemente medicados, se les podía reducir las dosis. Y algunos, que no hubieran tenido jamás la posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta”. “No solamente eso”, continuó, “sino que el personal comenzó a disfrutar de su trabajo.”

¿Qué es lo que estuvo haciendo el dr. Len consigo mismo que provocó el cambio en esas personas?

“Simplemente estaba sanando la parte de mí que había creado sus enfermedades”, dijo él.
El Dr. Len explicó que la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación.
Si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas, de cualquier forma, es tu responsabilidad.
Esto significa que la actividad terrorista, el presidente de tu país, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, están allí para que tú las sanes. No existen, sino que son proyecciones que salen de tu interior. El problema no está ahí afuera, está en ti, y para resolverlo, tú debes cambiar, debes sanar.
Echarle a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad.
Esta sanación tan particular, el Ho’oponopono, significa amarse plenamente a uno mismo.


Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida.
Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote a ti mismo.


Al Dr. Len"¿Cómo se curaba a si mismo, qué era lo que hacía exactamente cuando miraba los legajos de los pacientes?"
"Simplemente decir "Lo siento" y "Te amo", una y otra vez", explicó él: "Lo siento… Te amo"
“Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo. Y mientras te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo.”


¿Cómo utilizar la técnica de Ho’oponopono?

Cada vez que sucede algo que nos desagrada, o que alguien tiene una actitud que no nos gusta, en vez de tratar de cambiar las cosas “allí afuera” podemos pedir, como en una oración, que “por favor sea sanada la parte de mi mente que creó este problema (o el conflicto o la actitud de la otra persona)”. Podemos decir mentalmente y dirigiéndonos a la Divinidad:
“Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias”.

La técnica debe aplicarse con una actitud de serena alegría, no con culpa y remordimientos.

Y por último, pero tal vez lo más importante, debemos haber comenzado a intuir a través de la experiencia, que en realidad somos nosotros los que creamos o atraemos los problemas. Si seguimos pensando que somos “las víctimas” de los demás o de las circunstancias externas, nada puede cambiar aunque practiquemos Ho’oponopono.

El Ho´oponopono es una técnica que también ayuda a sanar el karma de nuestro pasado.





Camino al Despertar